20
dic
08

Flickr y la censura.

Desde hace algunas semanas he dejado de actualizar fotos en mi galería de Flickr. Y lo he hecho como respuesta a la censura que los administradores de Flickr han decidido aplicar a mi galería. Antes de irme colgué allí un texto explicando lo sucedido y los motivos que me inducían a adoptar esta actitud.

Sé que mucha gente ha leído el texto porque he recibido apoyos y solidaridad de muchas formas y desde muchos sitios, pero también sé que otra mucha gente no lo ha podido leer porque el primer resultado de esa censura ha sido mi exclusión de las zonas públicas de Flickr, de esas que ellos llaman “seguras”.

Por todo esto he optado por colgar el texto también aquí. Por ello y porque creo que aquel (éste) texto, aún escrito en un momento de cabreo, dice mucho de mi forma de entender la fotografía y de la imposibilidad de desligar ésta de otras circunstancias de la vida diaria.

Texto íntegro publicado en Flickr:

“Hace un par de días recibí un e-mail de los administradores de Flickr en el que me comunican que han modificado el nivel de seguridad de mi cuenta, pasándolo de “seguro” a “moderado”, y me advierten que si persisto en mi actitud ¿? se verán obligados a cancelar mi cuenta. Al parecer, alguien se ha sentido molesto por la temática de alguna, o algunas, de mis fotos y me ha “denunciado”, haciendo valer eso que los administradores de Flickr denominan “su derecho a informar”. Por si alguien no lo sabe, el cambio aplicado a mi cuenta implica que mis fotos desaparecen de las zonas públicas de Flickr y pasan a una situación de semi clandestinidad, siendo sólo visibles para usuarios registrados y con sesión iniciada, y que además  tengan desactivados los filtros de búsqueda segura, y claro, para otros “pervertidos” como yo.

Cuando leí por primera vez el e-mail pensé: ya me ha tocado a mí. Y lo digo desde una actitud resignada porque llevo algún tiempo viendo como esta ola de puritanismo censor se extiende sobre las galerías de amigos y conocidos. Recuerdo que también me vino a la memoria un escrito de Martin Niemoeller, erróneamente atribuido a Bertolt Brecht, ese que acaba diciendo “…Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí.”

Afortunadamente vivimos en una época muy distinta a esa que describe el texto de Niemoeller. Yo se que puedo dormir tranquilo porque nadie va a venir a por mí, o al menos eso espero. Pero, a pesar de ello, no puedo reprimir un escalofrío al pensar que entre aquella situación y ésta, tan distinta, hay un nexo común que persiste a lo largo del tiempo, y que parece inmune a todo avance democrático, o peor aún, que se sirve de él para medrar. Ese nexo se llama intolerancia.

Escribo esto desde un país, España, que goza hoy en día de un elevado nivel de libertades. Pero esas libertades no nos han salido gratis. Aún hoy seguimos discutiendo aquí sobre la posibilidad de exhumar los cuerpos de decenas de miles de compatriotas que yacen enterrados en las cunetas de las carreteras o en olvidadas fosas comunes y que fueron asesinados en un tiempo en el que la intolerancia se convirtió en una forma de vida, o de muerte, alentada por el propio Estado. Y lo más triste es que, en la mayoría de los casos, las denuncias que motivaron aquellos crímenes fueron realizadas por gentes que también ejercían “su derecho a informar”. Un derecho esgrimido como arma arrojadiza y ejercido desde la más absoluta intolerancia contra otros semejantes cuyo único delito, en la mayoría de los casos, fue profesar un pensamiento diferente, una fe distinta o que creyeron que podía existir otra forma de entender la vida, el arte, el amor. De esto sabemos bastante los españoles, pero también los argentinos, los chilenos, y desgraciadamente, tantos otros.

Es posible que algunos penséis que estoy yendo muy lejos, que estoy mezclando “churras con merinas” o confundiendo el tocino con la velocidad, pero yo creo que no es así. A la intolerancia es difícil ponerle límites, y a la estupidez humana también, y cuando ambas caminan de la mano, entonces hay que ponerse a temblar, porque hoy es Flickr, pero mañana ya veremos…

A pesar de todo quiero señalar que no tengo nada que alegar contra Flickr o contra sus administradores. Ellos crearon esta Página y la dotaron de unas normas de comportamiento. Normas que, a nivel personal, puedo no compartir, pero ante las que, como usuario, sólo tengo dos opciones: aceptarlas o marcharme, y yo ya he elegido.

No tengo nada, por lo tanto, contra Flickr, pero sí contra estos nuevos talibanes de la moral que han decidido iniciar una cruzada en pro del puritanismo más absurdo. Que peligrosas son estas mentes bienpensantes que no dudan en señalarte con su dedo acusador y luego vuelven pudorosos la cabeza para no ser testigos de las consecuencias que sus actos generan. Que no dudan en apoyar las mayores barbaridades pero que al mismo tiempo se escandalizan ante la simple presencia de un cuerpo desnudo. Que peligrosas son y que me miedo me dan.

Dicho esto no me gustaría quedarme sin señalar que creo que Flickr se equivoca. Y lo hace porque ha puesto en manos de los intolerantes un derecho de censura que será difícil acotar. ¿Quién determina los límites? ¿Dónde acaba lo obsceno y comienza lo políticamente correcto? ¿Quién censura a los censores? Me parece que Flickr se equivoca aliándose con esta gente porque su afán fiscalizador no conoce límites. Ahora piden nuestra exclusión de las zonas “seguras” de la Web porque no pueden pedir más, si pudieran hacerlo estoy seguro que irían mucho más allá. Esperemos que nunca sea así.

Me voy y lo hago con un regusto amargo porque en poco tiempo he visto demasiada censura y demasiada intolerancia. Incluso el escrito en el que me comunican, y me advierten, del nuevo status de mi cuenta tiene algo extraño. Hay en él un lenguaje paternalista y al mismo tiempo amenazante, como de poli bueno de peli mala, que no me ha gustado nada.

Todo esto me ha traído recuerdos de cuando era un crío y estudiaba en el colegio con los curas. Me ha recordado al “tutor espiritual” que nos citaba cada poco tiempo en su despacho para preguntarnos si nos habíamos “tocado” o si habíamos tenido “pensamientos impuros”. Y por encima de todo me ha recordado el olor rancio de aquel hombre. Un olor sucio, a sudor y a mugre, que yo siempre pensé que procedía de la sotana y que ahora me pregunto si no saldría de su mente.

Como ya he dicho antes dejo Flickr. No se si definitivamente o sólo hasta que acabe esta absurda caza de brujas. La foto que he subido es, por lo tanto, la última. Mantendré la galería abierta pero no volveré a actualizar más. A partir de ahora seguiré mostrando mis fotos sólo en mi fotoblog http://www.aprendiendoaver.com, al que estáis todos invitados. Nos vemos en la Red.”

 

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8 Responses to “Flickr y la censura.”


  1. diciembre 23, 2008 en 1:19 am

    Querido amigo,no tenía ni idea de todo esto ,pero estoy totalmente de acuerdo con todas y cada una de tus palabras.
    Intentar poner normas a la creación es algo absurdo,más aún cuando los patrones que se siguen, supuestamente, son de una moralidad tergiversada y absurda.

    Por suerte siempre hay alguien dispuesto a elegir la libertad por encima de todas las imposiciones o “sugerencias” con piel de cordero.

    Lo mejor de todo es que estas actitudes ajenas nunca podrán con la libertad creativa del espíritu.

    Hay cosas que nunca van a cambiar mientras sigamos,y seguiremos me temo, perseguidos por ese “Gran Hermano” que es, al fin y al cabo, el recelo de la ignorancia.
    Siento que sucedan estas cosas, pero aplaudo tu decisión.
    Nadie te “echa”,Pere;te vas tú,que no es lo mismo.
    Un fuerte abrazo.

    • diciembre 23, 2008 en 1:12 pm

      Hola Isabel. Ya ves que cosas nos pasan. Cuando pensábamos que esto ya no tenía cabida en las sociedades modernas volvemos a encontrarnos con los viejos prejuicios de siempre. Bueno, a nosotros no nos van a bajar del burro. Gracias por escribir y por tu apoyo. Un saludo y felices fiestas.

  2. 3 Aliana
    diciembre 23, 2008 en 11:58 am

    Lo primero, felicitarte por ser consecuente y coherente con lo que piensas y sientes. Te expresas clara y perfectamente. Y no me parece exgerada tu reflexión sobre la libertad en esta era de lo digital, como tampoco me parece exagerado (esto es mío, mejor dicho leído por mí) llamar a ciertos regímenes “tecnofascistas”: me remito a ejemplos como el de Yahoo cediendo datos de bloggers al gobierno chino. La tecnología es un medio, no un fin.

    Y bueno, sin morbo y sin bromas, simple curiosidad, me gustaría ver una muestra de lo que Flickr considera censurable de tu obra, ¿podrías poner un ejemplo o señalarme cuál/es de tu fotoblog, si están ahí? Porque lo estoy visitando y la verdad no veo nada raro ni obsceno ni nada…

    • diciembre 23, 2008 en 1:07 pm

      Hola Aliana. A mí también me gustaría saber cual, o cuales, son las fotos que han motivado la censura. Más que nada para saber hasta que grado de imbecilidad puede llegar la mente humana. Pero no me lo dijeron ni yo lo he preguntado. Supongo que será por unos desnudos que hice hace algún tiempo de una amiga embarazada, digo yo. Pero podría ser cualquier cosa.
      Muchas gracias por tu comentario y tu solidaridad. Nos vemos.

  3. 5 Maite
    enero 4, 2009 en 7:26 pm

    He estado visitando tu galería de flickr. No he visto ni una sola imagen que pueda calificarse ni clasificarse como “indigna” o merecedora de algún tipo de censura como la que te han aplicado. Es más, viendo tranquilamente toda tu galería, he llegado incluso a la conclusión que han podido equivocarse de usuario, porque nada más absurdo que esto que te ha ocurrido. He visto en flickr fotos de usuarios que si podían llegar a herir algunas sensibilidades y ojo! que eso es muy discutible, porque uno ve lo que quiere ver y lo que no le gusta lo desecha y lo que si lo guarda en su memoria. Como bien dices, uno confía que eso no puede ocurrir ya en el mundo que vivimos, pero nada más lejos de la realidad. Vale, de acuerdo, es una web con unas condiciones determinadas y si te gustan bien y si no también, pero es injusto y más en este caso, que no tiene ni pies ni cabeza. Un saludo.

  4. 6 Leo
    marzo 17, 2009 en 9:41 am

    Te escribí en Flickr, pero he de hacerlo aquí también. Yo alucino, Pere. No entiendo nada.
    Personalmente coincido con Maite en que lo mismo se han equivocado. ¿te has puesto en contacto con ellos?

  5. enero 20, 2010 en 12:34 am

    No nos soprendamos. Aceptemos que aún no hemos llegado tan lejos en nuestro camino como humanos como nos suele gustar pensar. Esto no es un hecho aislado ni propio de otros tiempos. Por favor, no te canses de decir cosas como este post.
    Definitivamente, tu grado de sensibilidad te convierte en alguien “peligroso”.


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